sábado, 28 de octubre de 2017

Cake pops tipo Ferrero Rocher



Se va acercando el tiempo de turrones, polvorones, peladillas y todos esos dulces típicos de las fiestas navideñas.

Es cierto, aún estamos en octubre, pero ya se ven en el supermercado algunas de esas delicias.

Y ¡cómo no! También se ven los primeros bombones Ferrero Rocher. Mis favoritos y los de muchísima gente.

¡Cómo me gustan!

Será que tiene la cantidad justa de chocolate, que realmente no es mi sabor preferido; que están cubiertos de deliciosas avellanas troceadas, el toque del sabor de la Nutella... No sé. En este caso el todo es mucho más que la suma de las partes ¿o no?

Pues hasta que llegan tenemos que ingeniárnoslas el resto del año para degustar su sabor. ¿Que mejor que preparando unas cake pops?

Son fáciles y divertidas de hacer. Mejor si te ayudan los más pequeños de la casa y te van a encantar.

¿Qué te parecen?


Para prepararlas vamos a necesitar estos ingredientes:

Para el bizcocho de chocolate:

125 grs. de azúcar moreno
125 grs. de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
2 huevos L
125 grs. de harina simple de trigo
1 cucharada de cacao en polvo sin azúcar 
1 cucharadita de levadura en polvo
1 pellizco de sal

Además: 

6 ó 7 cucharadas de Nutella
1/2 taza de avellanas troceadas
1/4 de taza de galletas tipo wafer troceadas

Para la cobertura:
1/4 de taza de avellanas troceadas pequeñas
1/4 de taza de galletas tipo wafer troceadas
250 grs. de chocolate con leche
150 grs. de chocolate fondant
1/2 cucharada de Nutella

Palitos para cake pops o palillos de pinchitos.

Prepararemos el bizcocho con antelación. Para ello preparamos el molde que vayamos a utilizar engrasándolo y espolvoreando con harina. También ponemos a precalentar nuestro horno a 180º.

En un bol batiremos juntas la mantequilla y el azúcar. Añadiremos los huevos uno a uno sin dejar de batir hasta que tengamos una mezcla esponjosa.

Aparte tamizaremos juntas la harina, el cacao, la levadura y la sal. Se lo añadiremos a la mezcla anterior batiendo lo justo hasta obtener una masa homogénea.

Volcamos en el molde y hornearemos a 180º durante unos 20 ó 25 minutos.

Cuando esté listo dejaremos entibiar antes de desmoldar sobre una rejilla para esperar a que acabe de enfriar.

Una vez frío lo trocearemos y desmigaremos en un bol.


Añadiremos las avellanas troceadas y las galletas y mezclamos bien.



Por último incorporamos la Nutella.


Ahora haremos unas pequeñas bolas y las dejaremos enfriar en la nevera aproximadamente 1 ó 2 horas.


En un bol fundiremos los dos chocolates a baño María o en el microondas durante aproximadamente 1 minuto o minuto y medio (lo haremos de 30 en 30 segundos para evitar que se queme).

Tomaremos cada palito y lo introduciremos en el chocolate y posteriormente lo insertaremos con cuidado en las bolitas. Esto lo haremos para fijarlo. Lo volvemos a poner en la nevera otra 1/2 hora para que enfríen y no se caigan.

Añadiremos la Nutella al chocolate antes de que se enfríe para que liguen bien.

En un bol mezclamos las avellanas y galletas troceadas y las añadimos al chocolate fundido ( si se ha enfriado demasiado podemos llevar nuevamente al microondas unos segundos para que vuelva a fundirse)  

Cuando estén los palitos ya fijados los iremos cubriendo con el chocolate y pondremos a enfriar pinchándolos sobre una superficie adecuada (corcho, soporte de cake pops...)



Una vez fríos podemos adornar con cápsulas de papel pequeñas y spray dorado comestible para darle más apariencia de bombones.


Ya están listos para degustar ¿puedes adivinar lo que van a durar en tu mesa?







domingo, 24 de septiembre de 2017

Bundt cake especiado de zanahoria y nueces



De un día para otro, y como va siendo habitual en los últimos años, ha aparecido el otoño.

Es mi estación del año favorita, ni tanto frío ni tanto calor. Tiene algo de melancólico y a mi me invita a reflexionar. Sobre todo en esas tardes en las que aparece la lluvia, esa lluvia suave que cambia el olor de la tierra y va mojando las ventanas gota a gota.

Pensando en ello me viene al presente un poema de Mario Benedetti que dice así:

Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre.
Entremos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran.

Ahora que calienta el corazón, 
aunque sea de a ratos y de a poco,
pensemos y sintamos todavía 
con el viejo cariño que nos queda.

Aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha.

Lo dicho, aprovechemos, que la vida no para.

El otoño también nos trae otros aromas en la cocina. Apetecen menos los postres fríos y volvemos a hacer uso de esas deliciosas especias como son la canela, el clavo, el jengibre... y sobre todo volvemos a tener el horno encendido día si y día no.

La receta que te traigo hoy es del libro de Bea Roque "El Rincón de Bea", con algunas pequeñas variantes. Ya lo he dicho muchas veces, es una de mis blogueras favoritas, y sus recetas son infalibles.


Estos son sus ingredientes:

175 ml. de aceite de girasol (ella usa de oliva suave)
3 huevos L
100 grs. de azúcar moreno
250 grs. de harina simple de trigo
1 y 1/2 cucharadita de bicarbonato
1 y 1/2 cucharadita de levadura en polvo
2 cucharaditas de canela molida
1 cucharadita de jengibre molido
1/2 cucharadita de nuez moscada molida 
300 grs. de zanahoria rallada
90 grs. de nueces troceadas

Para el glaseado:

1 taza de azúcar glas
Dos o tres cucharadas de agua (puede que alguna más dependiendo del azúcar)
Una o dos gotitas de aroma de nueces

Preparamos el molde que vayamos a utilizar untándolo con aceite y espolvoreando con harina. Si es de silicona yo sólo lo engraso.

Encedemos el horno para que vaya calentando a 175º.

En un bol ponemos el azúcar, los huevos y el aceite y batimos bien hasta que la mezcla esté espumosa.

Tamizamos juntas la harina, el bicarbonato, la levadura y las especies y se lo añadimos a la mezcla anterior procurando no batir demasiado. Sólo lo justo para que se integren.

Incorporamos la zanahoria rallada removiendo con una cuchara de madera, y por último las nueces troceadas.

Volcamos en el molde que habíamos preparado y lo llevamos al horno aproximadamente unos 50 minutos. Ya sabes que el tiempo varía de unos hornos a otros. Comprueba que está hecho pinchándolo lo más al centro posible con una brocheta de madera. Recuerda no abrir el horno hasta que no hayan pasado al menos 40 minutos. Estará listo cuando la brocheta salga totalmente limpia.

Sacamos del horno y dejamos que entibie antes de desmoldarlo para evitar que se nos rompa.


Volcamos sobre una rejilla y dejamos enfriar.


Preparamos el glaseado poniendo el azúcar glas en un bol y añadiendo agua cucharada a cucharada hasta que tenga la consistencia adecuada, ni demasiado líquida ni muy espesa. Yo pongo unas dos cucharadas de agua y luego añado cucharadita a cucharadita. 

Le añadimos unas gotitas de aroma de nueces y regamos el bundt con él.

Dejamos que solidifique y estará listo para degustar.


Yo me lo llevé al trabajo y comió incluso alguna persono a la que no le suele gustar la tarta de zanahorias. Esto quedó tras el desayuno.


¡Delicioso! 






lunes, 21 de agosto de 2017

Tarta de galletas, chocolate y nata



Seguimos disfrutando del verano, aunque para algunos (como yo) aún no haya llegado el tiempo de vacaciones.

En cualquier caso parece que el ritmo de las cosas va algo distinto. Los días son más largos, por lo que dispones de unas horas más para hacer cosas antes de irte para casa, hay menos tráfico en las horas puntas y... encuentras aparcamiento cerca del trabajo sin tener que llegar 45 minutos antes de tu hora de entrada ¡genial!.

Este año mi mes de descanso será en octubre, y como yo digo, disfrutaré de las vacaciones de verano cuando ya estén los turrones en las tiendas y los adornos de Navidad asomen a los escaparates.

En realidad no me importa mucho, porque lo que no soporto es irme a descansar y tener que pelearme por el sitio junto a la piscina, por un trozo de arena en la playa o hacer colas para poder comer en un lugar decente.

Me encanta la gente, no pienses que tengo aversión a las multitudes, pero todo en su momento y lugar.

Por suerte, viviendo en Canarias en octubre aún hace un tiempo fabuloso para hacer lo que nos apetezca, playa, campo o cualquier otra actividad.

Ya sea en verano o en cualquier otra estación del año, esta tarta es una de mis favoritas y la de muchísima gente, por lo sencilla de preparar y lo deliciosa que es.

En esta ocasión la excusa para hacerla fue el cumpleaños de una muy buena amiga de mi hijo, y este es el resultado:


Para hacerla necesitaremos estos ingredientes:

500 grs. de galletas cuadradas tipo tostadas
1 litro de leche semidesnatada
1 sobre de preparado para flan (en este caso fue de Royal)
3 ó 4 cucharadas de azúcar blanca
3 ó 4 cucharadas de cacao en polvo
1 bote de nata Ermoll bien fría (también puede usar nata de montar aunque yo prefiero esta para este tipo de tartas por ser más consistente)
3 ó 4 cucharadas de azúcar glas
100 ml. de nata para montar
100 grs. de chocolate fondant
30 grs. de mantequilla sin sal
1 lámina de gelatina

Comenzaremos preparando la crema de chocolate.

En un cazo pondremos 1/2 litro de leche a calentar con el azúcar blanca a fuego suave. Las cantidades son orientativas porque dependerá de si te gusta más o menos dulce.

Cuando esté caliente, pero aún no haya hervido añadimos el cacao y batimos bien. 

Mientras, en otro 1/2 vaso de leche, disolvemos el flan y cuando la leche empiece a hervir se lo añadimos removiendo continuamente hasta que haya espesado. Apartamos del fuego y dejamos que enfríe lo suficiente para poder usarlo. Iremos batiendo de vez en cuando para evitar que se forme una capa más oscura en la superficie.

Durante el tiempo de espera prepararemos el molde que vayamos a usar recubriéndolo con papel film, lo que facilitará luego el desmoldado.

Montamos la nata batiéndola con el azúcar glas y 1/2 medida de la lata de leche y reservamos en la nevera para que se mantenga bien fría.

Cuando el chocolate esté casi frío empezaremos a montar nuestra tarta. 

Cubrimos el fondo con una base de galletas previamente mojadas en leche 


Luego pondremos una capa de chocolate y volvemos a cubrir con galletas.


Cubrimos ahora con una capa de nata y repetimos desde el principio acabando con una capa de galletas.


Cubrimos con film y dejamos enfriar en la nevera. Lo ideal es de un día para otro pero puedes hacerla el mismo día por la mañana y continuar por la tarde, pasadas al menos unas 4 ó 6 horas.

Tras el reposo desmoldamos y preparamos la cobertura.


Para ello pondremos a hidratar la gelatina en agua mientas calentamos en un cazo la nata de montar, el chocolate fondant y la mantequilla. 

Cuando el chocolate y la mantequilla se hayan fundido y tengamos una mezcla homogénea apartamos del calor y añadimos la gelatina escurrida, removiendo para que se disuelva bien.

Dejamos enfriar y cubrimos con ella la tarta.


Ya sólo queda enfriar para que cuaje y decorar al gusto.

En este caso como viste fue con emoticonos sonrientes de colores hechos con fondant.


Divertida y deliciosa ¿no te parece?










jueves, 20 de julio de 2017

Semáforos de brownie



El mes pasado, Hugo, el pequeño príncipe de mi amiga Lidia cumplió dos añitos.

¡Pero qué rápido pasa el tiempo! 

En su primer cumpleaños su fiesta estuvo ambientada en Mickey Mouse. Estas fueron su tarta y sus galletas:


Este año Lidia volvió a confiar en mí para poner una parte dulce en su mesa y me pidio unas gallegas de Cars y su dulce favorito, un brownie de chocolate pero en forma de pequeños semáforos.

Y nos pusimos ¡manos a la obra!


Preparamos el brownie con estos ingredientes:

500 grs. de chocolate fondant
300 grs. de mantequilla sin sal
250 grs. de azúcar blanca
250 grs. de azúcar moreno
6 huevos L
2 cucharaditas de esencia de vainilla
250 grs. de harina simple de trigo
1 pizca de sal

Para el glaseado:

200 ml. de nata para batir 35% materia grasa
200 grs. de chocolate fondant
60 grs. de mantequilla sin sal
2 hojas de gelatina neutra

Pastillas de chocolate de colores rojas, amarillas y verdes

Preparamos el molde para el brownie, engrasándolo y espolvoreando de harina si fuera necesario. Si usas de silicona no haría falta, aunque yo siempre lo engraso.

Ponemos a precalentar el horno a 170º.

En un bol fundiremos el chocolate con la mantequilla usando  1 ó 2 minutos el microondas o a baño María y dejamos que enfríe antes de continuar.

Añadimos los dos tipos de azúcar y lo batimos bien.

Echamos los huevos de uno en uno batiendo cada vez.

Añadimos la esencia de vainilla y luego la harina tamizada junto con la sal.

Mezclamos bien, y lo vertemos en el molde.

Horneamos a 170º durante 40 ó 50 minutos aproximadamente (ya sabes que dependerá del tipo de horno).

Cuando esté listo retiramos y dejamos entibiar antes de desmoldar y pasar a una rejilla para que acabe de enfriar completamente. Es muy importante que esté bien frío antes de partirlo porque el brownie es bastante delicado y puede destrozarse si lo partimos estando aún algo caliente.

Lo troceamos en pequeñas porciones y volvemos a colocar sobre la rejilla.

Prepararemos el glaseado.

Primeramente ponemos a hidratar las hojas de gelatina.

Mientras pondremos el resto de ingredientes en un cazo y llevamos a fuego suave hasta que el chocolate se funda completamente.

Escurrimos las hojas de gelatina y las añadimos al chocolate mezclando bien para que se integren y deshagan completamente.

Bañamos con esta mezcla el brownie troceado y adornamos con las pastillas de colores inmediatamente.

Dejamos que enfríe bien para que la cobertura coja firmeza, aunque en este caso no será una capa completamente dura.


Para un mejor acabado les puse unos palitos de cake pops. 

Derretí un poco de chocolate fondant  en el microondas y fui bañando la parte superior de cada palito antes de pinchar en el brownie. ¿A que quedaron chulos?


Según me contó Lidia, fueron todo un éxito.








lunes, 17 de julio de 2017

Bizcocho de guindas




Esta semana pasada ha sido bastante intensa y cargada de buenas emociones.

Por un lado he podido disfrutar de unos días de descanso en el trabajo, y siempre viene bien hacer una pausa en la rutina diaria.

Tener días libres me ha permitido hacer una de las cosas que más me satisfacen en esta etapa de mi vida, y es pasar unos días con la personilla más importante para mí en estos momentos, mi nieta Leyla.

Hemos jugado, paseado, ido al parque, a un cumpleaños de una amiguita suya, dormido juntas (me encanta verla descansar a mi lado, aunque me lleve alguna que otra patada en la espalda durante la noche jejejejeje), y por supuesto hemos horneado. Le encanta hacer dulces ¿por qué será? jajajajaja.

También he bailado, mi otra gran pasión, ¡y tanto que lo he hecho!  jueves, viernes y domingo.

¿Y el sábado? Bueno, pues el sábado tuvimos un almuerzo muy emotivo, lleno de risas, cariño y algunas lágrimas. Era la despedida de una compañera enfermera de la planta en la que trabajo actualmente. Si bien es cierto que no he tenido mucha relación con ella si pude ser testigo del cariño y el buen rollo que se respira en este servicio. 

El hecho de tener que trabajar ayer, día de mi santo, tampoco estuvo mal. Me llevé un bizcocho de cerveza negra (infalible) y recibí muchíiiiiiiiiimas felicitaciones. ¡Gracias a todos!

La receta que traigo hoy también la compartí con los compañeros del trabajo cuando la hice. Entonces estaba aún en la unidad de Lesionados Medulares, y recuerdo que voló. ¿Te puedes imaginar por qué?


Estamos en temporada de esta fruta y me parece un buen momento para compartirla. Como verás, es como todas, muy sencilla de preparar. ¿Lo más pesado para mí? Quitarle el hueso a las guindas jajajaja.

Estos son los ingredientes:

150 grs. de guidas frescas
100 grs. de queso crema (tipo Philadelphia)
120 grs. de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
150 grs. de azúcar
3 huevos grandes
1 cucharadita de esencia de vainilla
180 grs. de harina simple de trigo
1 cucharadita de levadura en polvo

Para el glaseado:
1 taza de azúcar glas
10 grs. de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
Una cucharada de mermelada de frutos rojos (sin trozos)
1 cucharada de agua.

Prepararemos el molde que vayamos a usar untándolo de aceite y espolvoreando de harina si fuera necesario. Yo suelo usarlo de silicona y aunque no hace realmente falta, yo lo engraso ligeramente para facilitar el desmoldado.

Ponemos a precalentar el horno a 180º y nos vamos a la elaboración.

Lavamos y deshuesamos las guindas dejándolas partidas a la mitad. Reservamos en una taza por el momento.


En un bol pondremos el queso, la mantequilla y el azúcar y batimos bien para que se integren bien todos los ingredientes. Hacerlo con la batidora eléctrica facilita mucho el trabajo.

Echamos los huevos, uno a uno, esperando que se mezcle bien antes de poner el siguiente y añadimos la esencia de vainilla.

Tamizamos la harina junto a la levadura y las incorporamos a la mezcla anterior.

Por último añadimos las guindas removiendo con una cuchara de madera o una espátula para que se distribuyan bien.

Vertemos en el molde que preparamos y horneamos durante unos 40 minutos aproximadamente (el tiempo es orientativo ya que puede variar según el tipo de horno).

Cuando esté listo dejamos entibiar antes de desmoldar y poner sobre una rejilla.

Cuando haya enfriado preparamos el glaseado.

Mezclaremos el azúcar glas tamizado, la mantequilla, el agua y la mermelada en un bol y lo llevamos a baño María, removiendo hasta que veamos que la mezcla es homogénea.

Vertemos sobre el bizcocho y dejamos que solidifique.


Adornar como se prefiera antes de que se haya secado del todo. Con sólo unas guidas mira qué diferencia.


Una delicia, te lo garantizo.



¿Te animas  a hacerlo?












domingo, 2 de julio de 2017

Xuxos (fáciles) de chocolate


La primavera se ha ido y yo no sé cómo ha sido.

El caso es que se me ha pasado volando, tanto que ni he tenido tiempo de publicar nada. 

Para no andarme con muchos líos y me he decidido a colgar esta receta que tenía guardada en la recámara desde hace un tiempo... laaaaaaaargo tiempo.

Ya publiqué en su momento una receta de xuxos de manera tradicional, y que ha tenido mucho éxito por lo sencillos que son de hacer y lo buenísimos que quedan.

Pues no te digo nada cuando los pruebes con chocolate, no sabrás por cual decidirte.

La idea me vino cuando ví estos panecillos de leche en el súper con pepitas de chocolate. 


Cómo te podrás imaginar tuve que comprar dos paquetes, porque ya sabía de antemano que uno iba a ser insuficiente.

Para hacerlo igual de sencillos que los anteriores experimenté con la crema pastelera de chocolate  en microondas y aquí te dejo el resultado.


¿Qué, apetecen o no apetecen?

Pues vamos allá con la receta:

2 paquetes de panecillos de leche con pepitas de chocolate
2 huevos
Aceite de oliva suave o girasol para freír
Azúcar normal o caster para rebozar 

Para la crema pastelera de chocolate:

200 grs de chocolate fondant
1/2 litro de leche semidesnatada
30 grs. de harina simple de trigo
30. grs. de harina de  maíz
3 huevos
125 grs. de azúcar
1 cucharadita de extracto de vainilla

Lo primero es preparar la crema para que enfríe y coja la consistencia adecuada. 

Para ello ponemos en un bol en chocolate troceado y lo fundimos 1 minuto en el microondas. Como pasa con el horno, cada uno es diferente y puede que unos sean más potentes que otros. Por eso yo lo que recomiendo es poner el chocolate a máxima potencia durante 30 segundos. Sacamos y removemos. A veces es suficiente con el calor que ya tiene para acabar de derretir el chocolate. Si vemos que no es así, lo volvemos a poner en el microondas otros 30 segundos y volvemos a retirar y remover hasta que veamos que el chocolate se ha fundido completamente.

En otro bol, apto para microondas,  ponemos el resto de ingredientes y batimos hasta que se hayan mezclado bien. Yo lo hago con la batidora de varillas.

Tapamos con film transparente y lo llevamos al microondas unos 5 minutos a máxima potencia. Retiramos y añadimos el chocolate fundido, batiendo bien para mezclarlo todo y volvemos a llevar al microondas hasta que acabe de espesar (1 ó 2 minutos más).

Retiramos y volvemos a batir para que quede una crema fina. Tapamos con film, de manera que éste esté en contacto con la crema (esto evitará que se forme una capa gruesa en la superficie) y dejamos enfriar.


Cortamos los panecillos a la mitad y los rellenamos con la crema pastelera (no se vale ir comiéndose cucharadas de crema entre panecillo y panecillo, aunque ganas no te van a faltar).


Ponemos a calentar el aceite en una sartén a media temperatura y batimos los huevos.

Pasamos los panecillos por huevo y los freímos por ambos lados. Al retirarlos los iremos poniendo sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.

Rebozamos en azúcar normal o caster. El azúcar caster no es más que el azúcar normal pero algo más molida, sin llegar a tener la textura del azúcar glas. Yo me compré un molinillo de café y cuando la necesito la pongo unos segundos y listo.

Dejamos enfriar y ¡a comer!


A los niños, y no tan niños, les va a a encantar.





sábado, 13 de mayo de 2017

Tarta de almendras



Ayer se homenajeaba de manera internacional la labor de los profesionales de enfermería. Trabajando como lo hago, en sanidad, me siento parte de este reconocimiento y a la vez quiero transmitir lo orgullosa que me siento de pertenecer a este colectivo.

Sólo quienes nos dedicamos a esto sabemos realmente las dificultades que debemos superar cada día para poder realizar nuestro trabajo, la falta de medios en muchas de las ocasiones y las presiones que se reciben para que todo se haga, y se haga bien, aunque muchas veces no tengas con qué.

También es cierto que en contrapartida, son muchísimas la personas que te demuestran que lo que haces vale la pena y que sienten que les atiendes más allá de lo estrictamente profesional.

¡Olé por todos mis compañeros! Los cercanos y conocidos y los más distantes. 

Dicho esto, pasamos a la receta de hoy.

Esta tarta de almendras es una de las imprescindibles en tu recetario. Es ex-qui-si-ta. Ya verás cuando la pruebes..
Como siempre, su elaboración es bastante sencilla y al alcance de cualquier adicto a la repostería.

Los ingredientes que necesitaremos serán:

1 lámina de masa quebrada
250 grs. de azúcar blanca
100 ml. de agua
Zumo de 1/2 limón o 1 cucharadita de aroma de vainilla
1 cucharada de harina de maíz
2 cucharadas de leche semidesnatada
3 huevos L
30 grs. de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
100 grs. de almendras molidas

Además:
100 grs. de almendras fileteadas
2 cucharadas de almíbar 

Lo primero que haremos será preparar la base. Para ello engrasaremos el molde que vayamos a utilizar y lo cubrimos con la lámina de masa quebrada, pinchando el fondo con un tenedor para evitar que se infle durante la cocción.
En un cazo pondremos al fuego el azúcar, el agua y el zumo de limón o la vainilla (dependerá de nuestro gusto) y dejaremos hervir hasta que veamos que el azúcar se ha disuelto formando un almíbar. Reservaremos dos cucharadas para luego dar brillo a la tarta.

En un bol mezclaremos la harina de maíz y la leche hasta diluirla y le añadiremos los huevos, uno a uno, batiendo bien cada vez.

Añadimos el almíbar a la mezcla y volcamos en el cazo para poner a fuego suave, revolviendo continuamente hasta que veamos que ha espesado.

Retiramos del fuego e incorporamos la mantequilla y posteriormente la almendra molida.

Vertemos esta mezcla sobre la base de masa quebrada que teníamos preparada y  cubrimos con las almendras fileteadas.
Llevamos al horno, precalentado, a 180º y durante unos 40 minutos aproximadamente, o hasta que veamos que los bordes empiezan a estar doraditos.

Cuando esté lista retiramos y pincelamos con el almíbar que habíamos reservado.
Dejaremos enfriar antes de probarla para que tenga la textura adecuada.
¿Ves? Es sencilla y además increíblemente deliciosa. Garantizado.








viernes, 5 de mayo de 2017

Caracoles de canela y pasas



Acaba de terminar el mes de abril, que para mi trajo un aniversario muy especial. Se cumplieron dos años desde el día en que decidí dar el paso y aprender a bailar ritmos latinos.

¿Realmente es algo a celebrar de una manera especial? 

Pues si, en mi caso lo es. Aprender a bailar era una de las asignaturas que tenía pendientes desde siempre. Yo ya estoy en una edad en la que puedo decidir qué cosas hacer en mi tiempo libre, sobre todo por eso, porque dispongo de él.

Es una de las mejores decisiones de mi vida. No podía pensar que bailar fuera a darme tantas satisfacciones. No sólo mejora tu estado de ánimo y tus relaciones sociales, sino que además contribuye a mantenerte física y cognitivamente activo. 

Ha cambiado mi apariencia, mi entorno de ocio, el tipo de música que escucho y, sobre todo, ha multiplicado de manera extraordinaria el número de amigos y conocidos con mis mismas inquietudes.

En este mundillo he descubierto a personas extraordinarias, mujeres y hombres que a pesar de haber tenido una vida difícil no han dejado de sonreír y regalan a los demás sus sonrisas cuando nos vemos. Otros de los que apenas sé nada, pero con los que igualmente disfruto cuando coincidimos.

Hace unas demanas volví a la academia donde empecé a dar mis primeros "pasitos". Eliberto y Yesenia celebraban su segundo año dando clases. Mis primeros profesores y los culpables de que yo tenga esta pasión. Fue su aniversario y también el mío. Aún queda mucho por aprender, es más, creo que esto no acabará nunca porque, el baile, como todo, evoluciona y cambia, se fusiona con nuevas tendencias y otros estilos, y eso es enriquecedor.

Fue bonito compartir la tarde con algunos de sus antiguos alumnos y con los actuales. Y cómo no, también fue estupendo prepararles la tarta de tres chocolates que querían. ¡Felicidades chicos!

Estos son ellos y esta su tarta de aniversario, pero hoy lo que quiero dejarles es algo tan "enrollado" como lo son ellos.

Estos deliciosos caracoles de canela y pasas, que están increiblemente buenos.


Aunque a simple vista parezca que dan mucho trabajo son realmente sencillos de preparar. ¡Vamos con la receta!

Los ingredientes que necesitaremos serán:

225 grs. de harina simple de trigo
1 sobre de levadura seca rápida
25 grs. de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
1 huevo
125 ml. de leche
1/2 cucharadita de sal fina

Para el relleno:
50 grs. de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
2 cucharaditas de canela en polvo
50 grs. de azúcar monera
50 grs. de pasas sin semilla

Prepararemos el molde que vayamos a utilizar engrasándolo.

En un bol tamizaremos la harina y la sal y posteriormente la levadura mezclando todo bien.

Añadiremos la mantequilla troceada y ayudándonos de una cuchara de madera lo trabajaremos hasta obtener una textura similar al pan rallado.

Batimos el huevo y lo incorporamos, así como la leche. Mezclamos todo bien hasta obtener una masa algo pegajosa y lo dejamos en un bol engrasado y tapado con film transparente durante 1 hora, o hasta que veamos que a fermentado hasta doblar su volumen.

Pasado este tiempo golpearemos la masa para extraerle el aire y la amasamos unos minutos sobre una superficie enharinada.

Con ayuda del rodillo extenderemos la masa hasta formar un rectángulo de unos 30 x 25 cm.

Preparamos el relleno mezclando en un bol la mantequilla, la canela y el azúcar hasta que tenga el aspecto de una crema y lo extendemos sobre la masa dejando un borde de unos 2 cm.

Rehidratamos las pasas (yo las pongo en una taza con un poco de agua durante un minuto o minuto y medio en el microondas). Las colamos y distribuimos por encima de la pasta.


Enrollamos sobre el lado más ancho presionando suavemente y la cortamos en unas 12 rebanadas.


Colocamos sobre la bandeja que preparamos un poco separadas entre sí y dejamos que repose, tapadas, durante media hora. aproximadamente.
Cuando veamos que han aumentado su tamaño precalentamos el horno a 180º y horneamos posteriormente durante 20 ó 30 minutos, o hasta que veamos que empiezan a dorarse.

Podemos "pintarlas" con un poco de jarabe de arce o almíbar o, como yo hice, con un glaseado de canela preparado con una taza de azúcar glas, 1/2 cucharadita de canela molida y 2 ó 3 cucharadas de agua.

Mezclamos el azúcar y la canela y añadimos el agua, poco a poco, hasta obtener una textura adecuada que nos permita pincelar los rollitos.
Dejamos enfriar, si puedes, y ¡a disfrutarlos!.
Cuéntame si los haces.