miércoles, 9 de octubre de 2013

Cupcakes Red Velvet (Terciopelo rojo) con crema de queso.


Esta es la primera de las recetas de la mesa de boda.

No podían faltar, sobre todo cuando me dijeron que el rojo era uno de los colores favoritos en la pareja. 

Y es que son cada vez más habituales en bodas y en fechas como el Día de San Valentín. 
 

Preparándolos me picó la curiosidad por saber un poco más sobre ellos, bueno, sobre el bizcocho red velvet, en realidad que es anterior a estas "mini tartas" que son los cupcakes y lo que me he encontrado es una variedad de leyendas que lo hacen aún más fascinantes por el misterio que esconden.

La que más se repite es una sobre el Hotel Waldorf Astoria de Nueva York, que al parecer ya preparaba este postre a principios del siglo XX. Cuentan que una cliente habitual pidió la receta de este bizcocho al chez el cual accedió, gustoso, a cederle su secreto tras "engordar" descomunalmente su factura. A ella parece que esto no le hizo ninguna gracia y en venganza divulgó la receta entre todas sus amistades, dejando de ser algo exclusivo de tan prestigioso hotel.

También se habla de un error en la elaboración que hizo que al mezclarse el vinagre con la buttermilk revelase el color rojo del cacao y a la vez mantuviera el bizcocho húmedo y esponjoso.
 
Otra de las leyendas dice que su nombre se debe al uso de la remolacha en la receta tras la gran depresión de Estados Unidos. La dificultad en el acceso al azúcar hacía que se utilizara este producto para endulcar el bizcocho, ya que era mucho más fácil de conseguir.
 
Dejando atrás la leyenda, la explicación más acertada es mucho más simple y data del siglo XIX. Su nombre se debe simplemente al inicio de una tendencia a buscar nombres llamativos para los alimentos que se elaboraban. A los bizcochos que tenían una miga fina y jugosa se les empezó a llamar "velvet", terciopelo. En este en concreto se utilizaba "red sugar", azúcar moreno, de ahí el adjetivo red, aunque ni siquiera eran rojos en esa época. Fue un fabricante de colorantes en los años 30 quien empezó a poner la receta en los paquetes de su producto, por supuesto añadiendole el característico color rojo actual.

Sea como sea la historia, es una de mis tartas favoritas, por eso fue la que inauguró mi blog y por supuesto había que poner también en el recetario la versión para cupcakes. ¡Allá vamos!

Vamos a necesitar para los bizcochitos:

100ml. de aceite (yo uso vegetal aunque también puede ser de oliva sabor suave)
150 grs. de azúcar (aunque dije que originariamene era moreno yo le he puesto la normal)
2 huevos medianos
1 cucharada de cacao sin azúcar (yo uso habitualmente Valor)
175 grs. de harina simple de trigo
120 ml de leche semidesnatada
1 cucharadita de zumo de limón
1 y 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
1 cucharadita de bicarbonato
1 cucharadita de vinagre blanco (yo uso de manzana)
Colorante rojo

Para la crema:

300 grs. de azúcar glas tamizada
125 grs. de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
125 grs. de queso cremoso (tipo Philadelphia, aunque yo suelo usar de marca blanca)

Ponemos a precalentar el horno a 180º y preparamos el molde poniéndole las cápsulas.

Ponemos la leche en un vaso y le añadimos el limón, dejándolo en reposo mientras seguimos trabajamos con los demás ingredientes. Esto podemos sustituirlo por buttermilk, que es la receta original, pero como resulta a veces dificil de conseguir he preferido poner la receta de esta manera.

Aparte batimos el aceite con el azúcar y le añadimos los huevos uno a uno batiendo bien cada vez con la batidora de varillas y añadimos el extracto de vainilla.

Tamizamos la harina y el cacao y lo incorporamos a la mezcla anterior alternándolo con la leche.

En un vaso ponemos el vinagre y el bicarbonato y cuando haya reaccionado lo añadimos al resto. Por último le ponemos el colorante. Yo uso rojo cochinilla en polvo y con una cucharadita tengo más que suficiente pero si se usa colorante en gel hay que poner un poco más.

Repartimos la mezcla en las cápsulas llenando hasta los 2/3 de su capacidad y horneamos a 180º unos 25 minutos.

Lo sacamos del horno y pasados 5 minutos lo ponemos a enfriar sobre una rejilla mientras preparamos la crema.

Para hacerla ponemos la mantequilla en un bol y le vamos añadiendo el azúcar glas mientras batimos con la batidora de varillas. Cuando veamos que la crema va aclarando le incorporamos el queso y seguimos batiendo unos minutos más. Yo la dejo una media hora en la nevera para que tenga mejor consistencia antes de usarla.

Cuando los cupcakes se hayan enfriado del todo los decoramos con la crema como más nos guste.

Esta foto es de uno de los primeros que hice porque los de la boda volaron tan rápido que no me dio tiempo ni de sacar la foto partidos para que los vieran por dentro.







 

Así quedaron los de la boda








 ¿No son bonitos?





Puedo prometer y prometo que no voy a esperar a otra boda para volver a hacerlos. Y tú, ¿cuándo te decides a probar?